viernes, 25 de marzo de 2011

El inevitable caso Rimbaud


No hay poeta actual que se precie que no adore –o finja adorar– al dios Rimbaud.

Pero siempre me pregunto qué habría ocurrido si su madre no hubiera puesto el dinero para imprimir sus poco más de 400 ejemplares de Une saison en enfer.

Cuántos Rimbaud nos habrá negado una causa tan material y caprichosa como el dinero o el testimonio impreso. O un amigo influyente como Verlaine.

(Bukoswki cuenta que siempre que asistía a alguna fiesta con otros poetas, la mayor parte universitarios y más jóvenes que él, les preguntaba: ¿tío, cómo te las apañas? Apañárselas para sobrevivir, para comer, para pagar los recibos, porque él siempre tuvo trabajos "basura" para poder subsistir. Y así descubrió que la mayoría de esos poetas eran protegidos de sus padres, que pagaban sus estudios y sus publicaciones. Rimbaud era un genio. Y llamar poeta a Bukowski... es ser muy generoso. Pero ¿quién es Caín, quién es Abel?).


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada